Los balances suelen ser engañosos. Primero, porque el material al que referimos suele estar demasiado cercano en el tiempo para tomar esa necesaria distancia afectiva para la ecuanimidad. Segundo, y en relación directa con lo primero, la pasión suele ganarle a la razón y hay una tendencia a que, frente a la alta expectativa, nada, nada de lo que suceda colma esa imagen que los seres humanos construimos en nuestra cabeza.

Puede objetarse en una primera aproximación al episodio cierto apresuramiento en la resolución de situaciones. No obstante, esto es algo que viene sucediendo, al menos, desde la sexta temporada. Aquellas situaciones, viajes o conflictos en Westeros que tardaban varios episodios o hasta temporadas enteras, comenzaron a resolverse en el relato con la magia de ágiles elipsis. Esto, como casi todo y depende desde el lugar en que se mire, puede hasta resultar más sensato en pos del entretenimiento. Un análisis más desapegado permite inferir que, luego de largas horas de construcción de personajes y de conflictos, al acercarse a la resolución, el espectador ya cuenta con toda la información necesaria para entender actitudes y proceso.

Hasta ahora, todos los episodios de la temporada resultaron muy interesantes desde el relato y como camino final de los personajes. Una simbología que cuajó perfectamente con lo que se venía transitando. Cada personaje fue descubriendo y enfrentando su destino. Y, de alguna manera, fueron crónicas de muertes anunciadas. Todos los personajes, aún los sobrevivientes al finale, murieron. Efectivamente o en un aspecto de su personalidad. Sansa, murió en su inocencia. Arya, en su niñez. Jon Snow… bueno, Jon Snow.

Realmente, si uno piensa en Daenerys, ¿había otra posibilidad de seguir adelante para el personaje? La dama de dragones se constituye a partir de la nada: fue mancillada, violada, ultrajada, despojada, asesinada… Es liberadora de esclavos, «será con el miedo, entonces», dice casi cansinamente descubriendo la torpeza leal de su último gran amor. Una de las cosas más interesantes de las últimas temporadas eran los problemas de construcción de liderazgo político ¿cómo se hace para ser líder en un mundo de hombres? Un mundo que puede identificar como heroica una actitud de un hombre, torpemente, arriba de un dragón, una vez, pero no haber celebrado miles de veces a una dama blanca domando y volando con tres dragones. Ese es el punto del asunto. El reinado exige, también, sacrificios. Si se piensa muy fino, es el legado de Ned Stark desde el primer episodio.

Y ahí están las damas, las cuatro, enfrentadas en pos del poder. Arya, desde su destreza y su engaño a la muerte. Sansa, desde la conspiración y la ausencia de lealtad aún con su hermanastro. Cersei, desde el odio que no le permite planear una buena estrategia de batalla. Y Daenerys, desde el destino Targaryen.

Uno de los episodios más difíciles. El que debía dejar todo listo para el enfrentamiento definitivo, pero… ¿habrá definición?

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