En septiembre de 2013, el 29 para ser más precisos, cerró luego de cinco temporadas Breaking Bad. Desde el mismo momento del cierre, inicio un periplo, un «camino» para jugar con el tema, dónde cosechó todos los premios posibles, premios de todas las asociaciones americanas ligadas a la industria, y culminó su andar triunfante con los premios Emmy en todos los rubros en 2014. Un verdadero (y merecidísimo) récord.

Una serie que, a la distancia y con el paso del tiempo, se transformó en la alta vara que dejó el formato a la industria, superando, incluso, a la emblemática Sopranos como paradigma del mejor show televisivo posible. Obviamente, lejos de poder definir cuál es el mejor show de todos los tiempos, Breaking Bad es una serie que sí se puede afirmar está en el panteón de las mejores de la historia. Por infinitas razonas que tienen que ver con el uso del lenguaje audiovisual, la creación de Vince Gilligan generó un efecto tremendo sobre todo en la prensa especializada, en los analistas de ese lenguaje y entregó perlitas como, por ejemplo, la carta personal que Sir Anthony Hopkins escribió a Bryan Cranston elogiando su actuación como Walter White/Heisenberg.

El Camino: A Breaking Bad Movie

Al poco tiempo del éxito, Vince Gilligan decide incurrir en el campo del spin off y nos regala Better Call Saul, una historia que se centra en el personaje de Saul Goodman y aprovecha la excelencia interpretativa de Bob Odenkirk. La serie, que oficia casi en su totalidad como precuela, se construye sobre la mística de Breaking Bad pero potencia recursos, vuelve (y expande) sobre algunos personajes y juega con una estructura narrativa distinta. Otra jugada excelente de Gilligan y equipo.

Así, en octubre de 2019, llegamos a El Camino. Con todo ese antecedente hay que reconocer (y aceptar) que la expectativa era alta. ¿Se cumplió? Ciertamente, pero con muchísimos peros.

El Camino es una muy buena película que parte de la premisa de contar la suerte del segundo personaje más importante de Breaking Bad: Jesse Pinkman, el actor Aaron Paul, el socio de Walter White. La película toma los hechos inmediatamente posteriores al finale de 2013, ese cierre perfecto con Jesse escapando en la camioneta Chevrolet Camino y Heisenberg (ya no era Walter White) desangrándose en medio de su creación, el Mr Hyde que moría en el laboratorio al sonido de Baby Blue de los Badfinger.

El Camino: A Breaking Bad Movie

El Camino es, precisamente, un trayecto de redención. Jesse debe atravesar ese purgatorio y decidir entrar en el paraíso con nombre de Alaska. Gilligan, que dirige la película, mantiene el tono de la serie, su pulso narrativo y convierte esa huida frenética en un andar cansino, en un western crepuscular. Pinkman regresa a un pueblo fantasma donde hay seres tangibles (su amigo Skinny Pete, sus padres, sus nuevos viejos enemigos) pero también seres intangibles, espectros que se erigen sobre su presente desde las atrocidades del pasado. Es notable como Gilligan desarrolla todo su poder narrativo en resignificar la relación de Jesse con Todd (ese actor inconmensurable que es Jesse Plemons). «Ese cara de nada», como el mismo lo había definido en la serie. Captor y cautivo. Un hombre quebrado en su identidad que, de pronto, tiene una segunda oportunidad.

Como en «A la hora señalada», la lucha interna y externa de Pinkman es contrarreloj. Y ahí aparece el guardián del portal, Ed, que lleva adelante el querido Robert Forster. Quiso la vida que el día del estreno mundial de El Camino, el viejo Forster se despidiera de este plano. Un actor increíble que recordaremos por Jackie Brown, pero también por ser una de esas caras del Hollywood perfecto, recuperado siempre por Tarantino.

Ed es el paso a la segunda oportunidad. Esa oportunidad a la que Jesse ya le dio la espalda en una ocasión. El Camino es eso: el camino a la redención definitiva, sin olvidar lo pasado y lo realizado.

¿Los peros? Tienen que ver con las expectativas. El Camino es un muy buen producto. ¿Era necesario? Seguramente no. Y ahí reside su principal problema. La dos horas no alcanzan a superar a los muy buenos episodios de Breaking Bad. Ni hablar a los excelentes. Pero es un gran producto y un film hecho con muchísimo respeto y amor.

Un camino que merece ser transitado.