Los cuatro primeros episodios a los que tuvo acceso la prensa internacional se proyectaron en New York como adelanto a la al inicio de la temporada. La historia sorprende con un viaje al pasado, a Tulsa, 1921. Un hecho histórico verídico que, de alguna manera, reflejó las bases de la persecución racista en el Siglo XX. En plena década de expansión, los famosos años locos, el poder blanco fue contra el trabajador negro. La pequeña historia actúa como preludio con una filmación de vieja textura y un encuadramiento directo a lo documental que demuestra por dónde va a ir el relato: la guerra, el racismo, como parte de la historia de América es central, el eje por el que se mueve y moverá Watchmen de Lindelof. El autor sienta precedente y reencuadra los hechos que la historieta original sitúa en 1985: si hay violencia en la última parte del siglo en Estados Unidos, es porque hay un precedente, una sucesión de hechos que llegaron a este presente que imaginó el autor Alan Moore en 1985 con un Nixon presidente vitalicio y con EEUU ganador de la Guerra de Vietnam a partir de su arma todopoderosa: El Dr Manhattan. Un metahumano que que Moore cruza entre el proyecto Manhattan y Superman al servicio del gobierno. Rusia se queda tranquila porque sabe que no puede destruir a Manhattan. Es un cómic del fin del Reaganismo, un cómic que deconstruyó el concepto del superhéroe pero que también ofreció una relectura de la historia de violencia de los Estados Unidos y su hegemonía mundial. Lindelof señala que hay un camino, un transitar en esa violencia como fue descripto en tantos westerns de John Ford, como magistralmente fue retratado en aquel film de 1962: The Man Who Shot Liberty Valance (conocida en Argentina como “Un tiro en la noche”)

La serie retoma las letras de molde del cómic original, ese amarillo penetrante del “pin” del ícono del smile. Un risa ante la tragedia. El punto de vista de la narración estará situado en el transitar de Angela Abar (Regina King), una ex policía que ahora vive sus días como vigilante, obviamente, fuera de la ley. Y de eso se trata Watchmen: esos hechos que ocurrieron treinta años atrás dejaron una secuela. Es un mundo detenido tecnológicamente, sin internet, sin teléfonos celulares. Una suerte de retrofuturismo impecablemente recreado por Damon Lindelof. Como si no solo hubiera abrevado en la obra de Alan Moore ligada a Watchmen sino también en su Liga de la Justicia Extraordinaria o el cine clásico, como la interesante referencia a Sunset Boulevard en una escena de los primeros episodios. 

Cada episodios tiene un título extenso, una frase, a modo de continuar ligando a la obra nueva con su inspiradora. También están las referencias y links para el fandom ilustrado: la taza de Nite Owl, el kiosco de diarios como ojo del mundo, los carteles político sociales, Nixon como una estatua a la que se rinde devoción, el ejército con máscaras de Rorschach que ajusticia policías (la séptima caballería) y un misterioso hombre negro, anciano, que une todos los interrogantes, ¿qué es lo que sucede, qué es lo que se viene? 

Exclusivo: tercer y cuarto episodio

Seriemanía tuvo acceso a la proyección de los cuatro primeros episodios en la presentación para la prensa en New York

En eje de los episodios tercero y cuarto se basa en la profundización del personaje de Laurie Blake que lleva adelante magistralmente Jean Smart. Blake fue Silk Spectre en la historieta original, un personaje clave, esposa del Dr Manhattan y amante luego de Nite Owl. En algún momento se sugiere que Nite Owl podría estar detenido.

Blake tomó el apellido de su padre biológico y eso es todo una revolución en el mundo Watchmen. Hoy dirige una task force del FBI anti vigilantes. Por ello se cruza en el camino de Angela Abar (Regina King) que busca dos cosas: por un lado, su identidad (fue nacida en Vietnam y hay mucho para especular ahí) y relación con el misterioso Will Reeves (Louis Gossett Jr.) y por el otro, la resolución e investigación del asesinato clave del primer episodio.

En estos episodios comienza el contacto entre Blake y El Doctor Manhattan a través de unas cabinas telefónicas especiales. 

También se ahonda en la situación de Adrian Veidt, aka Ozymandias. Se revelan aspectos clave de su relación con sus sirvientes, un vínculo con la historia pasada y original de Watchmen y aparece su perfil como experimentador genético en una de las mejores escenas en lo que va de la serie hasta ahí.

A su vez se suma un nuevo personaje clave: la multimillonaria Lady Trieu (Hong Chau) y su participación en una suerte de conspiración global ¿cuál es su relación con Will Reeves?

Un canción para el Gramercy Park

“Quisiera verte alguna vez, en el Gramercy Park Hotel, cantaban Charly García y Pedro Aznar en el mismo año en que se publicaba Watchmen, 1986. El disco era Tango y narraba la experiencia de Aznar y García en New York. La charla con los actores y responsables de la serie ocurrió más de treinta años después de la composición de esa canción. El hotel sigue siendo hermoso, conserva sus misterios y su poderoso estilo Art Decó. 

Por la puerta de una de esas habitaciones que son un museo en sí mismo, ingresa Damon Lindelof, showrunner de la serie y como niño con chiche nuevo: el sueño de hacer una serie basada en una historia que ama se cumplió, pero se lo nota nervioso (o mejor: ansioso) por la reacción de los fans y el periodismo especializado (y, a veces, también excesivamente fanático desgraciadamente)

Creo que la obras hay que cuidarlas porque el fan, el seguidor, las siente como propias y eso hay que respetarlo”, dice Lindeof en un momento de la charla,“pero me parece una locura que haya gente que me desee la muerte porque no les gustó mi trabajo. Es solo eso amigos: una historia”.

En el comienzo de la charla contará cómo fue que se acercó a Watchmen: 

Mi padre me lo regaló pero, luego de ver de qué se trataba me dijo que AÚN no estaba preparado para eso. Es verdad. Siempre tuve una relación complicada con mi papá, era muy difícil comunicarnos, pero compartíamos show de tv, libros y cómics. Este cómic (Watchmen) fue disruptivo en medio de los ochenta, cambió todo, estaba muy por encima de los que yo podía comprender. fui entendiendo que estaba este asesinato, el enigma acerca de quién había matado al Comediante y para resolverlo estaban todas las pequeñas, diminutas pistas. Había que leer una y otra vez cada uno de los números para entender por dónde iba el relato. Todo esto fue parte esencial de mi formación y mi estilo como narrador profesional. Y, durante años, leí una y otra vez cada una de estas páginas

A medida que la entrevista avanza, Lindelof se distiende y comenta con mucho entusiasmo cómo fue que HBO y Warner le ofrecieron el reto: “había estado nutriéndome de Watchmen en todo sentido durante todo mi vida, así que cuando se acercaron de HBO y Warner a decirme si me quería hacer cargo de una serie televisiva de Watchmen, primero me sentí intimidado y prometí no usar nada del nombre de Alan Moore (el guionista original del cómic que siempre se mostró reacio a hacer cualquier cosa con la idea) para venderla, él no tienen ninguna injerencia en esta visión. Así que decidí no hacer nada que tenga que ver con la historia original en forma directa, con el canon, por eso no la quiero denominar secuela. Entonces, tomando las ideas de ese Estados Unidos alternativo que la historieta reflejó, me puse a pensar en qué pasaría 30 años después. Y así comencé con mi trabajo”

Cada episodio inicia con una frase, como la novela original y tiene varios niveles de relato ¿usaste la misma estructura narrativa para desarrollar la serie? 

Tratándose de Watchmen y en orden a ser fiel y homenajear a la historia original, respeté la estructura original y sentí que el primer episodio tenía que tener una muerte importante, un asesinato a investigar. En cada episodio traté de alejarme de ese punto disparador y trabajar una identidad para cada capítulo, con miradas de cada personaje distinto. Desde la mitad de la temporada en adelante la serie transita una estructura similar a la del cómic original pero traté de sorprender, de que sea diferente y espero haberlo logrado. Este es un show nuevo, pero tiene el ADN original de Watchmen.

¿Cuál fue la premisa?

Watchmen fue escrita por dos ingleses pero es acerca de norteamérica y la política y la escatología del fin del mundo y el temor a la explosión nuclear entre Rusia y Estados Unidos. Entonces decidí pensar en ¿qué pasaría en ese mundo treinta años después?

Luego de los eventos de la Watchmen original, me interesó la idea de Adrian Veidt, Ozymandias, pensando en una nueva utopía para el mundo pero creo que subestimó y subestimaron la paranoia y el temor que iba a generar el engaño con el ataque alienígena y el calamar gigante. Ese temor implicó que los gobiernos determinen detener las primeras experimentaciones en wifi y teléfonos celulares, por eso es un mundo sin comunicaciones wireless. Por otro lado, el avance del descreimiento en los liderazgos políticos en la actualidad, el regreso de actitudes racistas son un germen para articular la historia de Watchmen en la serie con esos tópicos muy presentes en la cultura americana.

¿Cuál es tu relación con los personajes? 

No considero a estos personajes como superhéroes sino como justicieros, héroes con capa. El concepto que quise profundizar más es el de “Who watches the watchmen?” (¿Quién vigila a los vigilantes?) y desarrollar la idea de qué sucede con aquellos que representan la ley pero disienten con la ley. Qué se siente y qué significa llevar una placa, cuál es la línea entre un vigilante y un policía y, lo más importante, qué sucede psicológicamente cuando te cubres la cara.