HBO, la otra televisión

“No es televisión. Es HBO”. Una de las frases publicitarias más recordadas de la televisión si se la observa hoy, en perspectiva, puede mover a una sonrisa cómplice. Es más: uno podría tomar esa voz en off, trasladarla en el tiempo, y colocarla en esa primera imagen de Tony Soprano esperando para ser atendido por su psiquiatra. Los gestos de James Gandolfini, la profundidad en la construcción de ese personaje, sellaron la profecía. Efectivamente, otra forma de hacer televisión, otra televisión estaba iniciando su camino.

Cuando se habla de esta tercera era dorada de la televisión, son las series las responsables de esa categorización. La oferta de productos de altísima calidad en ese formato es inmensa y cuesta al seguidor, al televidente, armar su grilla semanal para decidir qué programa ver (y cómo verlo) y cuál desechar. El desarrollo narrativo de las series de HBO fue sustancial para aportar a este nuevo paradigma en el relato. Sus diálogos, historias y actuaciones son símbolo de un modelo de la televisión de calidad y posicionaron al drama adulto como uno de los principales jugadores de la industria.

El hombre de New Jersey

Es habitual señalar a Los Soprano como responsable del punto de inflexión que dio lugar a una televisión diferente. Y es bastante acertado; es verdad que, con la serie OZ, estrenada unos dos años antes, ya se habían demostrado las posibilidades de un producto que trabajara con profundidad ciertos paradigmas sociales con excelente nivel de producción, en ese caso, redefiniendo el género de drama carcelario. Tanto con OZ como con Los Soprano, HBO demostró cómo aprovechar las posibilidades de un formato serializado, uniendo y desarrollando una extensa historia a lo largo de varios episodios y temporadas. De alguna manera, puso el sello definitivo a la división con las viejas series episódicas, autoconclusivas; ahora, el relato, se extiende a lo largo de varios capítulos, con puntos de giro y finales inesperados, que hacen del telespectador un consumidor cautivo que desea imperiosamente saber cuál ha sido la suerte de tal o cual personaje, entrega a entrega.

Los Soprano no sólo fue una serie que llevó las historias de familias mafiosas a la tv como nunca antes se había hecho, sino que definió el nuevo perfil del héroe moderno: hombres y mujeres comunes, altamente neuróticos y con límites morales poco precisos. La serie, de la mano de su creador, David Chase, además, se pobló de citas cinéfilas y referencias a la cultura popular, algo presente en filmografías como las de Quentin Tarantino y Martin Scorsese. Precisamente con Sopranos, Chase trasladó todo su amor por ese cine de la década del setenta a una serie de televisión. Y ahí, una vez más, quedó definida una marca de HBO: libertad, un despegue al espacio creativo y a explorar nuevos caminos en el relato. La versatilidad hacia las posibilidades del trabajo en la producción de la señal determinó que sea un destino codiciado por actores, productores y, claro, directores de cine, un detalle de los tiempos que vive la ficción televisiva. “La televisión por cable permitió darle una vida distinta a las series”, comenta Roberto Ríos, responsable de producciones originales de HBO Latinoamérica, con más de 20 años en la señal. Y agrega: “Ninguna de las series originales de mi infancia como Perdidos en el Espacio o Viaje a las Estrellas tuvo un fin. La serialidad, la continuidad, es un concepto mucho más reciente. Creo que definitivamente hay un concepto HBO y que uno puede encontrarlo en su evolución a lo largo del tiempo. Con Los Soprano, por ejemplo, recuerdo que salimos algo sorprendidos, allá por el año 1998 luego de que nos presentaron el episodio piloto. No entendíamos el título, Gandolfini no era muy conocido… Y, poco a poco, comprendimos la evolución, la pintura y la vida de los personajes a través de los sucesivos episodios. Era algo nuevo para la TV y mostraba los límites del cine para contar un relato a largo plazo”.

De señoras por New York a épica fantástica

Sin lugar a dudas, el abanico de producciones HBO se abrió durante los últimos 20 años de manera exponencial en el campo de las series. Sobre la base de ese concepto tan marcado para el desarrollo de historias y personajes,  transitó relatos como la exitosa Sex and the City (que prolongó una franquicia en cine) llegando hasta la más corrosiva Girls, por citar dos historias totalmente diferentes pero unidas por tener como protagonistas a personajes femeninos pululando por salir adelante en New York.

Unos pocos años después de que Los Soprano irrumpiera en la pantalla, otro David, Simon en este caso, generó lo que para muchos es la mejor serie de la historia: The Wire. Contando las alternativas de un grupo de investigadores que siguen los pasos del negocio de la droga en Baltimore, David Simon habló, como nadie lo había hecho hasta entonces en televisión, de los Estados Unidos de principios de milenio, con un detalle para la producción y un realismo para acercarse a la historia dignos de una cruce de géneros entre la ficción policial y el documental. Simon repitió años después con otra serie, esta vez centrada en las consecuencias de un hecho de la historia reciente: el huracán Katrina. Mezclando el negociado político, el desgarro personal con la maravilla del jazz y blues de New Orleans, en la serie Treme, alcanzó otro altísimo nivel de producto. Finalmente, en este 2015, sin ir más lejos y sin miedo a la temática encarada, David Simon junto a su amigo y socio William Zorzi llevaron a la pantalla la miniserie Show me a Hero. El relato, se basa en un libro acerca de Nick Wasicsko, el alcalde más joven de USA que al asumir en Yonkers tuvo que enfrentar fuertes problemas raciales para cumplir una orden judicial que obligaba la construcción de viviendas sociales en zonas residenciales. Uno de los mejores estrenos del año.

Sin lugar a dudas, la evolución del modelo HBO irrumpe en la nueva década con el proyecto Game of Thrones. La serie, con millones de seguidores en todo el mundo, no solo rompió los récords de audiencia de Los Soprano, sino que demostró, sobre todo en su cuarta y quinta temporada, como se pueden explotar al máximo los elementos del lenguaje audiovisual. Un diseño de producción excelente (que ya había maravillado en joyas con Roma, Boardwalk Empire o True Blood) al servicio de una trama compleja en un relato poblado de personajes fuertes. Game of Thrones fue la gran victoria de la TV actual por sobre el cine, ya que el proyecto, varias veces pensado para las salas y la pantalla grande, terminó encontrando su cauce en las series de TV. Ahora es el turno de nuevos caminos: Westworld y Big Little Lies, más los estrenos 2018, Sharp Objects y Succession abren el camino a nuevos paradigmas narrativos y a la optimización del servicio on demand de la mano de HBO GO y HBO Now. Todo un símbolo de época.

El top five emblemático de HBO 

1- Los Soprano – La serie que determinó la adicción a la señal y que marcó el drama en series del nuevo siglo

2- The Wire – Para muchos, la mejor serie de toda la historia. Un complejo “policial” que, a partir de la acción de un grupo de investigadores en Baltimore, va más allá del género y retrata los problemas sociales de los Estados Unidos: racismo, violencia, tráfico de drogas y crimen organizado.

3- True Detective, temporada 1 – Fue el gran suceso, estreno, del año 2014. Una clara demostración de las posibilidades de aplicar conceptos cinematográficos en las series.

4- Game of Thrones – el gran salto, la mejor épica posible en televisión. La serie define la nueva década y el presente como la era dorada del medio. Un proyecto que estaba para lo cinematográfico pero que terminó recalando en la televisión y generó un culto a lo largo del planeta

5- Curb your Enthusiasm– la comedia según HBO. Urticante, corrosiva y políticamente incorrecta, desde el ingenio de Larry David tomó la posta de cómo sería Seinfeld en el nuevo siglo.

 

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